El ultimo suspiro de un amor olvidado


¿Recuerdas cómo acabó tu vida? 

Más de un siglo ha pasado y aún sigo preguntándome

por qué lo hiciste, ¿acaso no fue suficiente el amor que ella sentía por ti? Ahora parece que ella por fin te ha olvidado; su piel cuelga en pliegues, su cabello se ha teñido de una blancura matutina, sus dientes caen como flores en otoño y sus huesos crujen al son de sus pasos. Pero al fin ha encontrado de nuevo el amor, un amor que solo puede vivir en un mundo de fantasía que ha hallado debajo de su cama. Nos seguimos preguntando si es producto de su locura o una clase de hechizo.

Dentro de ese mundo, vuelve a ser aquella hermosa mujer que te enamoró: de ojos aperlados, cabello rojizo y piel tan blanca como la seda. Es tan feliz como en los días en que caminaban por los jardines de los castillos tomados de la mano. Jordyne es el nombre de aquel que ha robado de nuevo su corazón, un joven apuesto de piel canela, ojos rojos y pectorales de acero.

Cuando lo ve a los ojos, su corazón late más fuerte que nunca, olvidando por completo que alguna vez fuiste parte de su vida. Él dice ser el príncipe de un reino olvidado, poseedor de una voz melodiosa con el poder de cumplir los más profundos sueños; alguna vez fue llamado Morfeo.

Ella lo ama y lo amará hasta el último latido de su corazón. En su lecho de muerte, su nombre será el que pronuncie, olvidándose de ti y de todo el amor que alguna vez sintió. Él le promete cumplir todos sus sueños: ser la princesa del reino, ser joven eternamente y vivir en la eternidad con él, amándose con locura.

Pero volvamos al principio. Era una tarde fría de abril y se realizaría el último viaje de expedición a las tierras del oeste. Al regresar se casarían en una pequeña ceremonia con algunos familiares, se irían a vivir al bosque para plantar su propia comida y tendrían tres hijos. Sería una vida idílica, pero tú no regresaste.

El líder de la expedición envió una carta: habías desaparecido sin dejar vestigio alguno, como si la tierra te hubiera tragado. Te buscaron por días enteros, pero no hubo noticias. Al final te dieron por muerto y te convertiste en el misterio más grande del pueblo durante un siglo.

Tuvo que pasar un siglo para que te encontrara, dentro de esa cueva, como si el tiempo no te hubiera afectado. Sigues siendo aquel joven que se perdió. Para ti solo han pasado unos minutos, que para nosotros fueron poco más de un siglo. Sigues pensando en ella, pero ella en algún lugar solo piensa en su dulce príncipe, aquel que podrá cumplir todos sus sueños, con el que puede ser joven de nuevo, con el que el dolor desaparece, en un mundo en el que al verse al espejo sus lágrimas no escapan de sus ojos.

Al volver al pueblo, observas que todo ha cambiado. Ahora las calles son más ruidosas y modernas. Al llegar a tu casa, solo hay un silencio profundo. La buscas con desesperación, gritas su nombre y corres por todos los pasillos, pero no está. "¿Se ha ido?", piensas, y un escalofrío recorre tu cuerpo, haciéndote sudar. Tienes miedo de no volverla a ver.

Una luz intensa se vislumbra debajo de la cama de la habitación principal. La observas detenidamente, entras en ella y llegas a otro mundo. Pero a través de tus ojos, se ve totalmente diferente: es un lugar sombrío, lleno de espectros y sombras que se lamentan. A lo lejos la ves en los brazos de un ser espectral, pero ella ha cambiado, su juventud se ha ido. Aun así, sigue siendo tu amada y vas a rescatarla como si fueses un príncipe.

Jordyne no es un príncipe; es un ser que se alimenta de los sueños de las personas y los convierte en pesadillas. Es como una droga: inicia con pequeñas dosis de lo que las personas desean y va aumentando poco a poco, hasta que en el punto de éxtasis más alto, todo se vuelve una pesadilla y la persona muere. Ella ha llegado a la última etapa, está muriendo lentamente.

Logras llegar a ella y tomar su mano, lo que hace que el mundo en el que están desaparezca. Ella cae en tus brazos, te mira fijamente a los ojos, toma tu rostro con delicadeza y susurra: "Jordyne, te amo". Tu corazón se quiebra en millones de pedazos; ella se perdió en aquel mundo de fantasía y no volverá. Morirá sin ningún recuerdo tuyo, sus memorias fueron reemplazadas por el mundo idílico que Jordyne creó para ella.

Muere en tus brazos, siendo "Jordyne" su último suspiro. Su piel reseca comienza a caer en pedazos como si fuese una escultura de barro.

Lamentas su muerte.

En el futuro te encontrarás con una versión de ella que quedó atrapada en la misma cueva en la que tú lo hiciste. Jamás conoció a Jordyne y no envejeció sin ti. Se casarán, tendrán hijos y envejecerán juntos por el resto de la eternidad. Al final, todo solo habrá sido un mal sueño orquestado por los espíritus malignos que odian a los humanos que sueñan intensamente.

Al final, Jordyne solo será una representación de las pesadillas de los humanos.

Sandro.

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