Bolero Falaz
(Inspirado en la canción de Aterciopelados)
Él (Alexander)
Aún recuerdo aquella extraña noche en la que buscabas pruebas en mis bolsillos, convencida de que yo tenía otro cariño. Yo estaba tranquilo, pues, como dicen por ahí, engañar tiene su ciencia… y creo que ya soy un maestro después de tantos años haciéndolo.
Pero no contaba con los cabellos rubios que aquella mujer había dejado en la solapa de mi saco. Mi sentencia llegó cuando encontraste la marca de lápiz labial en mi camisa. Por alguna razón sonreí; tal vez fueron los nervios, tal vez la conciencia que, al fin, me pesaba. Fue entonces cuando supe que mi coartada estaba hecha trizas.
Fue extraño cómo sucedió todo; quizá estaba borracho, o muy cansado. Siempre tenía la delicadeza de limpiar mi ropa, pero esa noche nada me importó. Tal vez fue porque fue una de las mejores noches de mi vida.
Ella es más joven que yo, apenas entra a los veinte. Es cariñosa, vibrante, y me hace sentir joven otra vez; cuando estoy a su lado, es como si veinte años se me quitaran de encima. Es hermosa: de rostro redondo, nariz respingada, cabello castaño, ojos color ámbar y un lunar justo debajo del labio inferior que me enloquece. Su cuerpo parece moldeado por los mismos dioses.
Creo que ya te lo he dicho mil veces: estoy hasta la coronilla. Siempre pensé que serías mi otra costilla, mi media naranja, pero no eres nada de eso, ni la octava maravilla como tú te lo creías.
¿Cuándo terminó todo? Cuando te volviste paranoica. Querías saber dónde estaba, discutíamos por todo. Era malo que saliera con mis amigos, y peor si no lo hacía. Cuando me encontraba en casa, peleábamos; cuando no, era aún peor.
Ya no era yo. Me convertí en un completo desconocido. No es excusa, pero siempre lograbas sacarme de mí mismo.
Lo siento, mujer. En verdad pensé que eras el amor de mi vida, pero estaba equivocado, viviendo en el sueño de un extraño…
Siempre recordaré los mejores días a tu lado; los atesoraré en mi corazón hasta el final de mis días. Espero que te encuentres bien.
No puedo seguir con esta farsa a la que alguna vez llamamos amor. Hasta aquí llega nuestra historia.
Adiós.
Siempre tuyo,
Alexander
Ella (Berensse)
Hace tiempo que tus manos no me acarician. Dime, ¿quién me ha robado tus caricias? Esto viene sucediendo desde hace años; fue haciéndose menos frecuente, hasta que llegamos a este punto en el que ni siquiera puedes mirarme a los ojos.
Lo mismo ocurrió con tus besos. A veces sentía que, cuando me besabas, pensabas en otra… y tal vez no estaba tan equivocada. Sé que no soy la mejor mujer del mundo, pero te amo.
Desde el primer día que te vi supe que te amaría toda la vida. No sé cuándo me convertí en una mujer posesiva. A veces traté de ocultarlo, pero era imposible. La ansiedad me consumía: debía saber dónde estabas, con quién. En mi mente imaginaba un millón de cosas…
Ahora sé que en verdad tienes a otra. Me gustaría saber quién es esa infame que no me deja amarte. Te juro que si algún día me la encuentro, le partiré la cara.
Antes que tú, fui yo. Tan solo una vez, y no porque no te amara: fue para experimentar algo nuevo. Tú fuiste mi primer hombre, y siempre fue contigo. A veces las cosas se volvieron rutinarias —tú arriba, yo abajo, siempre lo mismo—. Aquella vez fue distinta: grité como nunca lo hice contigo. Quise repetirlo, pero mi amor hacia ti me lo impidió.
Tal vez por eso temía que hicieras lo mismo.
Ambos nos equivocamos. Yo aún te amo. No sé si algún día logre olvidarte, pero siempre llevaré un recuerdo de ti, porque… seremos papás.
No quiero que esto cambie tu forma de pensar; no quiero las sobras de tu amor.
Ten por seguro que jamás mendigaremos las migajas de tu cariño.
Siempre tuya,
Berensse
Fin.

Comentarios
Publicar un comentario